Estamos hartos de ... ( I )

Hace ya mucho tiempo decidí tener una forma de expresar mi disgusto y frustración - soy muy visceral en lo hace a todo aquello que me afecta personalmente -  y aquí en esta bitácora cree, en uno de mis frecuentes raptos, esta sección. En la etapa anterior gozó de cierta popularidad, puesto que tuve la determinación de enfrentar personas y situaciones a las que yo consideraba debía refutar en fondo y forma por ser afectado de ellas. Me propongo volver a hacer todo el ruido posible. Cuanto más mejor. Estad a la expectativa.

En esta nuestra afición llamada alta fidelidad de excepción se dan habitualmente el tipo de situaciones de las que yo hacía referencia antes. Este mundo, que en un principio sería homologable a cualquier otro del que las personas gusten cultivar como afición, tiene una serie de rasgos que lo hacen diferente a los demás, bien por no darse en otras aficiones o bien por hacerlo de forma mucho más remarcable. Entre esos rasgos y como parte y no todo de los que más detesto están la fatuidad y la falsa endogamia. La propia naturaleza de esta afición ha favorecido su aparición, porque la búsqueda de la perfección tiene siempre unos costes, personales, sociales y de otros tipos, pero que se hayan convertido en rasgo definitorio y estén en el camino de llevarla a la definitiva extinción dice mucho - o muy poco - de los que damos sentido a todo esto, los aficionados.

Es por ello que digo que estoy harto de nosotros mismos, los aficionados, los importadores, los exhibidores, los comerciales y todos aquellos que tengan un protagonismo, quienesquiera que sean en este mundo. Por su fatuidad, que nace de la idea - equivocada - de la presunta relación entre coste, inversión, prestigio adquirido y posición social ostentada cuando se plantea la adquisición a lo largo del tiempo de un sistema de reproducción de sonido e imagen y de los esfuerzos de todos los actores en consolidar este falsa idea. Y, por otra parte, de la falsa endogamia, que, aunque nos afecta a todos, donde se ha manifestado con mayor crudeza ha sido entre los profesionales de la importación, que en mi modestísima opinión, en general no han estado a la altura. En un negocio con un mercado tan estrecho y con un bien tan preciado como es el cliente, tan escaso, una estrategia de unidad y convergencia de esfuerzos hubiera hecho la afición y consencuentemente el negocio mucho mayor. Desgraciadamente no ha sido así. Entre otras cosas, hemos asistido al fracaso de la asociación profesional y la intento de erosionar el negocio del colega profesional. Los aficionados tenemos que estar muy defraudados. Por haber sido cómplices de esta situación, por activa y por pasiva. Por haber participado activamente de determinadas formas de actuación o por no haber hecho nada por impedirlas. Deberíamos ser conscientes de que entre todos, estamos abocando a esta afición a su desaparición. Luego, será tarde para lamentarlo.

Seguid atentos porque habrá más.

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